Bienestar

Mala alimentación de una persona podría impactar la salud de sus descendientes

Cd. de México, 13 ene (Crisol).- Un estudio de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, publicado en la revista científica Heliyon, reveló que, lo que falta en la dieta de una persona también puede afectar la salud de sus descendientes a lo largo de varias generaciones.

Los investigadores encontraron que cuando alimentaron ratones emparejados con una dieta baja en proteínas, sus crías durante las siguientes cuatro generaciones tuvieron menor peso al nacer y riñones más pequeños, lo que constituye un factor de riesgo importante para la enfermedad renal crónica y la hipertensión.

Posteriormente, los especialistas intentaron corregir la dieta de los ratones descendientes, pero no tuvo ningún efecto y las generaciones posteriores siguieron naciendo con un recuento bajo de nefronas, las unidades de filtración vitales que ayudan a los riñones a eliminar los desechos del torrente sanguíneo.

Aunque aún queda mucho por hacer para determinar si los hallazgos se pueden aplicar a los seres humanos, los resultados subrayan la posibilidad de que la escasez de alimentos o la malnutrición provoquen décadas de consecuencias adversas para la salud.

“Uno pensaría que se puede corregir la dieta en la primera generación para que el problema termine allí, pero incluso si tienen una buena dieta, las siguientes generaciones (nietos, bisnietos, tataranietos) pueden nacer con un peso menor y un recuento bajo de nefronas a pesar de que nunca han pasado por inanición o una dieta baja en proteínas”, expresó Giovane Tortelote, profesor adjunto de nefrología pediátrica en la Facultad de Medicina y líder de la investigación.

Destacó que si bien, la nutrición materna es crucial para el desarrollo de un bebé, el estudio encontró que la descendencia de la primera generación se veía afectada negativamente independientemente de si la madre o el padre comían una dieta deficiente en proteínas.

Los investigadores estudiaron cuatro generaciones de crías cuyos recuentos de nefronas comenzaron a mostrar signos de normalización en la tercera y cuarta generación.

El académico asegura que se necesitan más investigaciones para determinar qué generación vuelve a tener un desarrollo renal adecuado y por qué se transmite el rasgo en primer lugar.

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