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La Sagrada Familia, la interminable obra de Gaudí, será bendecida por el Papa

Amalia González Manjavacas (Historiadora del Arte)

Barcelona, España 9 jun (EFE).- En el marco de la visita que realiza el papa León XIV a España, mañana acudirá a bendecir la gran torre central de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia, precisamente en la fecha que coincide con el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí y vuelve a situar el edificio en el centro de la atención internacional, que recibe entre 14 mil y 15 mil personas cada día.

Hace 16 años, la obra fue consagrada por Benedicto XVI en 2010 y con ello el edificio dejó de ser únicamente una obra artística en construcción para convertirse también en un templo litúrgico y activo. Ahora la visita de su sucesor, León XIV para bendecir la torre central de Jesucristo, marca otro momento histórico.

Con dicha ceremonia, culmina una de las etapas más importantes de una construcción iniciada hace 144 años y aunque aún no puede considerarse completamente terminado el edificio, se trata de la concreción de una de las ideas más ambiciosas concebidas por Gaudí: levantar una montaña artificial de piedra, luz y geometría en el corazón de Barcelona.

Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, una relación compleja entre arquitectura, religión, técnica y tiempo. No es sólo un templo, es todo un experimento constructivo de larga duración, una investigación geométrica convertida en piedra y una reflexión sobre la naturaleza llevada al límite de las posibilidades arquitectónicas.

Comenzada en 1882 y todavía en construcción más de un siglo después, la obra más famosa de Gaudí constituye un caso prácticamente único en la historia de la arquitectura occidental: un edificio concebido por un solo creador, ejecutado por varias generaciones posteriores y desarrollado durante tres siglos distintos.

El proyecto que Gaudí heredó y transformó

La Sagrada Familia no nació originalmente como creación de Gaudí. El proyecto comenzó bajo la dirección del arquitecto Francisco de Paula del Villar, que había diseñado un templo neogótico relativamente convencional. Sin embargo, tras desacuerdos con los promotores, Villar abandonó las obras en 1883 y el joven Antoni Gaudí asumió la dirección del proyecto. Aquella sustitución cambió para siempre la historia de la arquitectura.

Gaudí conservó inicialmente algunos elementos de la idea original, pero pronto reformuló el conjunto por completo. Lo que debía ser una iglesia neogótica se convirtió en una obra radicalmente distinta. El arquitecto catalán entendía que los estilos históricos habían agotado sus posibilidades.

Durante más de 40 años trabajó obsesivamente en el templo. En la última etapa de su vida abandonó prácticamente cualquier otro encargo para concentrarse exclusivamente en la basílica. Vivía en el propio recinto, dentro del taller de obras, y convirtió el edificio en la síntesis de todas sus investigaciones estructurales, simbólicas y religiosas.

La aparente extrañeza de la Sagrada Familia no responde a un deseo de extravagancia. Todo lo contrario, Gaudí rechazaba la decoración arbitraria. Su objetivo era construir siguiendo las mismas leyes que organizan el crecimiento de los árboles, las montañas, los huesos o los cristales minerales. La Sagrada Familia parece alejarse de las catedrales tradicionales.

Lo que Gaudí vio construido

Cuando Gaudí murió atropellado por un tranvía en junio de 1926, apenas llegó a ver completo una pequeña parte de su proyecto. Menos de una cuarta parte del edificio. Sin embargo, esa parte era fundamental. Terminadas estaban la cripta, el ábside y gran parte de la fachada principal o del Nacimiento, con sus cuatro torres, es decir la fachada considerada la más fiel al pensamiento del arquitecto.

Uno de los acontecimientos decisivos en la historia del templo ocurrió tras el estallido de la Guerra Civil española. Tras el estallen julio de 1936, grupos anticlericales incendiaron la Sagrada Familia y asaltaron el taller donde Antoni Gaudí había trabajado durante décadas. El fuego destruyó gran parte de los planos, dibujos, fotografías documentos y maquetas de yeso que contenían las claves para completar el templo.

Los arquitectos que continuaron la obra

Tras la muerte de Gaudí, arquitectos continuaron el proyecto. Domènec Sugrañes fue el primero, al que siguieron figuras como Francesc Quintana, Isidre Puig Boada y Lluís Bonet i Garí. Durante décadas el avance fue lento y discontinuo debido a los problemas económicos y a las consecuencias de la Guerra Civil que dejó al país entero sumido en la penuria.

La Sagrada Familia nació como un templo expiatorio, es decir, financiado exclusivamente mediante donaciones privadas. Durante décadas los recursos fueron escasos e irregulares. Otro motivo para las interrupciones de la obra fueron los conflictos políticos, especialmente la Guerra Civil que destruyó documentación esencial y obligó a reconstruir parte del proyecto desde cero.

También influyó la enorme complejidad técnica del diseño. Muchas de las soluciones imaginadas por Gaudí eran difíciles de ejecutar con la tecnología disponible a comienzos del siglo XX por lo que algunas sólo se han podido desarrollar totalmente con herramientas informáticas contemporáneas, modelado tridimensional y fabricación digital de elementos estructurales.

En este caso, el turismo ha sido uno de los grandes motores del avance de su construcción. Los millones de visitantes anuales han proporcionado durante las últimas décadas una financiación que permitió acelerar las obras.

La idea original y la actual

El proyecto completo concebido por Gaudí incluye 18 torres. 12 representan a los apóstoles. Cuatro corresponden a los evangelistas. Una está dedicada a la Virgen María y la más alta simboliza a Jesucristo.

Cuando Gaudí murió sólo estaban terminadas las cuatro torres de la fachada del Nacimiento. Hoy ya se han construido 14 de las 18 previstas y la torre de Jesucristo, culminada recientemente, alcanza los 172.5 metros de altura, convirtiéndose en el edificio religioso más alto del mundo. Aún quedan por concluir algunas torres menores y, sobre todo, la monumental fachada de la Gloria, considerada la entrada principal del conjunto.

Al paso de los años, la Sagrada Familia se convirtió una obra compartida entre un creador original y quienes han intentado materializar una visión que nunca llega a completarse. Su construcción nunca se detuvo. Su edificación ha atravesado guerras, cambios tecnológicos, generaciones de arquitectos y transformaciones culturales sin perder la fuerza de la pregunta que la originó: hasta dónde puede llegar la arquitectura cuando intenta reproducir las leyes de la naturaleza y convertirlas en espacio habitable.



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