Tengo asma, ¿ahora qué?
Aunque la enfermedad no tiene cura, lo importante aprender a llevar una vida normal con el menor número de crisis posible
Ciudad de México, 8 may (EFE). – La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los síntomas más habituales del asma son: tos persistente, sobre todo por la noche; sibilancias (pitos) al espirar y, a veces, al inspirar; disnea (dificultad para respirar), en ocasiones incluso en reposo, y opresión en el pecho que no permite respirar profundamente.
Los síntomas pueden ser distintos según la persona. Cuando se agravan mucho, se produce una crisis asmática. Estas crisis o ataques de asma pueden ser leves, moderadas o graves. En las crisis leves, las molestias pueden aparecer con las actividades de la vida diaria, pero no impiden realizarlas.
En las moderadas, las molestias se intensifican e impiden hacer algunas actividades habituales. Por último, cuando una crisis es grave, los síntomas impiden hablar con normalidad. Algunas de estas crisis pueden hacer que los labios se pongan azules y, en las peores, se puede perder el conocimiento, detallan los especialistas del Hospital Quirón de Madrid. Cuando se produce una crisis grave, es necesario acudir a los servicios de urgencias.
Evitar las crisis
Este es uno de los principales objetivos del tratamiento contra el asma, mantenerla controlada y hacer una vida normal. Para ello es necesario cumplir rigurosamente con el tratamiento pautado por el médico. Es fundamental que el paciente aprenda para qué sirve cada uno de los fármacos y cómo usarlos de la manera correcta.
De acuerdo con especialistas del Servicio de Neumología del Hospital Quirón de Madrid, los fármacos empleados para tratar el asma pueden ser antiinflamatorios o broncodilatadores. Los antiinflamatorios “eliminan o mitigan la inflamación de los bronquios, que es la causa del asma.
Al desinflamar los bronquios, desaparecen los síntomas y aumenta la capacidad pulmonar, se evita que la inflamación vaya a más y se generen crisis asmáticas”, detallan.
Los más utilizados son los corticoides inhalados y los antagonistas de los receptores de los leucotrienos, que se toman por vía oral. Estos últimos bloquean la acción de los leucotrienos, que son sustancias inflamatorias generadas por el sistema inmune, de manera que reducen la inflamación y el moco en las vías respiratorias.
Mientras que, los medicamentos broncodilatadores actúan sobre el músculo de los bronquios, dilatándolo y permitiendo que el aire pase mejor. Los broncodilatadores más utilizados para el tratamiento del asma son: los agonistas beta-2-adrenérgicos y los anticolinérgicos.
Los agonistas beta-2-adrenérgicos se administran por vía inhalada. Los hay de dos tipos: de acción corta (SABA, por sus siglas en inglés) y de acción prolongada (LABA). Los de acción corta se utilizan como medicación de rescate, pues alivian síntomas agudos rápidamente. De hecho, tardan ente 2 y 5 minutos en producir la dilatación de los bronquios y su efecto desaparece en pocas horas.
En cambio, los de acción prolongada actúan más lentamente, pero la broncodilatación dura de 12 a 24 horas. Se usan a diario, como medicación de mantenimiento, en combinación con los corticoides inhalados.
Otros fármacos broncodilatadores son los anticolinérgicos. También se administran por vía inhalada. “Los hay de inicio rápido y cuya acción dura entre 4 y 6 horas. Se pueden utilizar de rescate como alternativa a los agonistas beta-2-adrenérgicos de acción corta. Y los hay de acción 24 horas que se emplean en combinación con los beta-2-adrenérgicos de acción prolongada y los corticoides como tratamiento de mantenimiento”, detallan los especialistas del Hospital Quirón de Madrid.
Que deben evitar los pacientes con asma
Además de cumplir con el tratamiento médico, las personas con asma deben evitar ciertos factores que pueden desencadenar los síntomas de la enfermedad. Los más habituales son: polen, ácaros del polvo, caspa de animales, humo de tabaco, contaminación del aire, productos químicos o infecciones respiratorias.
Si la persona asmática evita los desencadenantes, conoce su medicación y sabe cuándo y cómo tomarla y, además, tiene un estilo de vida saludable, puede mantener la enfermedad controlada y llevar una vida normal.




